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La Fe Perdida

Tres veces Notre Dame estuvo en mí.
Cuando fui con mi padre y comprendí,
mirando los vitrales, abstraído,
la pequeñez de lo que soy y he sido.
      Siete años yo tenía cuando fui.

Llegué a París con treinta y decidí,
airado, no volver a entrar ahí.
No quise padecer lo que he perdido
      tres veces.

Y al percibir mi barba sefardí
reflejada en el fuego en que la vi,
Notre Dame me hizo verme aún sumido
en ruego por mi hermano no nacido.
Lamentando mi enojo, me rompí
      tres veces.

Antes de que un escritor
vitupere, venenoso,
en su reseña, “¡Qué oso
ponerle al libro mejor
un título que en rigor
describe al menos logrado!”,
sepan que lo he anticipado,
y no hay equívoco alguno:
uno sabe cuándo uno
ha elegido con cuidado.

Adán ¿es o no?

Repara
cada caso,
cada claro mal,
la moral,
cada cosa,
cada cara.

“Pero no sé nada”.

Estábamos caminando
las calles de Cambridge tres
poetas –mezcla de inglés,
español, y ruso– cuando
Nikolaev, bostezando,
atinó a decirnos: “Hey,
let’s go back a different way.”
Pimienta estaba perdido
y me preguntó al oído:
“¿Dónde nos lleva este güey?”

Palindromista habitual
y repentista prolijo,
este su servidor dijo:
“La ruta no natural”,*
octosílabo cabal
e instantánea traducción
de lo que, en conversación,
dijera el poeta ruso.
Pimienta luego repuso:
“No mames… ¡ese mamón!”*

Es tan rápido Pimienta,
tan ágil, tan intuitivo,
tan espontáneo, tan vivo,
que logra lo que no intenta.
Noté que no se dio cuenta
de su repentino acierto
y le dije: “¿Has descubierto
que la traducción que he hallado
es palíndromo?” Ha quedado
en profundo desconcierto.

“Eso no, no puede ser
palíndromo”, replicó.
Para demostrarlo, yo
lo escribí y le dije: “A ver,
poeta”, y le di a leer
una versión en pantalla.
“Pues es verdad, joder. ¡Vaya,
qué mezcla, qué paroxismo:
palíndromo y repentismo;
Pedro Poitevin no falla!”

Pero lo más divertido
fue en el camino de vuelta.
Pimienta, de un tajo, suelta:
“Esto no tiene sentido,
¡cuán rápido has conseguido
examinar el menú!
¿Cómo haces? What do you do?”
“¿Tú me preguntas a mí?
No me jodas, hombre, si
la rapidez eres tú”.

* Ambas frases son palíndromos.

Cuéntame, Musa, qué ves
de mi anoche precipicio,
pero sáltate el inicio
y comienza in medias res.
Descendamos con los pies
forzados de Díaz Pimienta
hasta el piso menos treinta,
donde, seguro, caray,
ya nos espera Yeray,
quien no sabe quién lo cuenta.

Quizá Jesús Algarín,
ese virtuoso boricua
quien le hizo alusión oblicua
justo después del festín.
Qué comida, qué sinfín
de mariscos a lo macho,
qué pisco sour, qué borracho
devenir de las ideas,
desde Aquiles hasta Eneas,
desde Homero hasta Boccaccio.

Descendamos, Musa, al teatro
en el menos cuarto piso,
en que se fraguó el hechizo
del cinco por dos es cuatro.
Soy Poitevin, idolatro
a los números, a ver…
¿Yo cómo voy a entender
que el cuatro tenga diez cuerdas?
No me digas, no me pierdas.
¿Y el tres tiene seis? ¡Joder!

Y descendamos más hondo,
querida Musa, al abismo,
a escuchar de repentismo
y a presenciarlo redondo.
Tufts University, el fondo
de un espectáculo intenso:
¡Eros, naufragios, suspenso!
¿Ves a Odiseo con Circe?
Uno está a punto de irse
de tan profundo descenso.

Y es por ello que a pesar
de mi fama de vulcano
racionalista, inhumano,
esto tiene que acabar.
Orejas de par en par,
por lo que dicen parezco
un Mr. Spock quijotesco,
me despido de Mazzotti,
atino un “Beam me up, Scotty”,
y sin más, desaparezco.

Traducir a Auden

Una de mis villanelas favoritas es “If I Could Tell You“, de W. H. Auden. Pese a que fue escrita en 1940 y alude a la Segunda Guerra Mundial, me encanta cómo suena hoy en día en nuestro circo contemporáneo. La primera línea del poema es un juego de palabras exquisito que combina dos clichés, “Time will tell” y “I told you so”. Por esa razón, entre otras, siempre me ha parecido muy difícil lograr una buena traducción. Hoy no tenía nada que hacer, así que me senté a intentar una versión.

SI PUDIERA DECIRTE

El tiempo sólo dice lo sabía.
Pagaremos quién sabe cuánto cuesta.
Si pudiera decírtelo, lo haría.

Lloramos con payasos, qué ironía,
Y tropezamos al oír la orquesta.
El tiempo sólo dice lo sabía.

¿Qué otros golpes aguardan todavía?
Porque te quiero tanto es mi respuesta:
Si pudiera decírtelo, lo haría.

A los vientos hay algo que los guía.
A las hojas hay algo que las resta.
El tiempo sólo dice lo sabía.

Quizá la rosa busca aún el día.
Quizá perdure la quimera ésta.
Si pudiera decírtelo, lo haría.

Supón que el león se escapa en rebeldía,
Y el soldado se cansa de la gesta.
¿Dirá entonces el tiempo lo sabía?
Si pudiera decírtelo, lo haría.

W. H. Auden
Versión al español de Pedro Poitevin

Ayer, husmeando entre mis experimentos abandonados, encontré un palíndromo un tanto escandaloso: abarca dos sonetos, y cada uno de los endecasílabos es palíndromo. Lo escribí en el 2012, pero nunca lo publiqué, quizá porque me di cuenta, poco antes de terminar de escribirlo, que el proyecto mejoraría al reemplazar el requisito de que cada endecasílabo sea un palíndromo por el requisito de que cada endecasílabo sea el haz o el envés de otro endecasílabo.

Si no recuerdo mal, este soneto doble surgió de una pista de Aurelio Asiain, quien me había sugerido escribir palíndromos endecasilábicos. “Si consigo”, me dije, “escribir un soneto cada uno de cuyos versos sea un palíndromo, tendré dos sonetos especulares”. Luego intenté modificar la sintaxis de algunos de los endecasílabos para conseguir una sucesión de líneas un poco menos inverosímil.

Ahora estoy seguro de que Aurelio tenía en mente algo que me demoré en notar: sería mejor escribir palíndromos modulares que abarquen un par de endecasílabos. Algo así como:

Ser olfato de ti sanaba seres
seré sábana, sí. Te dota flores.

Estoy seguro de que con ese tipo de módulo (un palíndromo que consta de dos endecasílabos) se puede construir una gran variedad de poemas formales. Por supuesto, requerir que los palíndromos sean modulares es un verdadero dolor de muelas: es más fácil escribir un soneto palindrómico que un soneto palindrómico modular.

He aquí el soneto doble que encontré entre mis pertenencias inéditas:

Ser olfato de ti te dota flores.
Sé roma sed, soleé los desamores.
Así la musa lela suma, lisa:
¿Seré ya soledá de los ayeres?
¿Así me traes, o no? No sé, Artemisa.
¿Seré la sed de sí? ¿Sed de sal?. Eres
ávida. Decidí sí, dice: ¡dádiva!
A leve rayo dedo ya revela,
y a diva sobará, y a rabos. Ávida,
a leve vela sé es, a leve vela.
De rima a rima va: mira a mi red.
La musa de mi sí me da su mal.
Desearte me conoce, me trae sed.
La sed es ala y ya la sé de sal.

La sed es ala, y ya. La sé de sal.
Desearte me conoce, me trae sed.
La musa de mi sí me da su mal.
De rima a rima va: mira a mi red.
A leve vela se es. A leve vela.
A diva sobará, y a rabos, ávida,
y a leve rayo dedo ya revela.
A vida decidí, sí, dice dádiva.
¿Seré la sed de…? ¡Sí, sed de sal eres!
Así me traes, ¿o no? No sé, Artemisa.
¿Seré ya soledá de los ayeres?
Así la musa lela suma, lisa:
Sé roma sed, soleé los desamores.
Ser olfato de ti te dota flores.